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Filosofando de Viaje




Mirando el campo me inspiro y pienso cuanto nos despeja viajar. Empezando por el ritual de organización la semana anterior a nuestro viaje, comenzamos a armar nuestra Vida en función de esos días de desconexión con lo rutinario (aunque nos guste o estemos adaptados a esa rutina) queremos dejar los papeles, el trabajo, la facu, la escuela, la casa, las mascotas y, si es posible, hasta nuestro cansancio atrás y en perfecto orden esos días anteriores a poder irnos.


Ponemos expectativas, soñamos con lo que vamos a hacer (independientemente de que después lo hagamos o no) pero por sobre todas las cosas anhelamos ese tan preciado descanso. Estar en Paz...






Como mencioné al comenzar estás palabras, siento una fuerte inspiración al estar aunque sea simplemente contemplando el campo. Lo verde. Mi tan amada Madre Natura. En esa contemplación aparecen los animales, los pueblos y de igual manera el folklore de vehículos, las pequeñas casas solas con hectáreas de espacio y clubes de campos en rápida expansión. No sólo recuerdo cuando en mi infancia me encantaba ir mirando las nubes y jugar a encontrarle formas de objetos que ya conocía, sino la dualidad moderno-antiguo es lo que más me asombra. Los parches en la ruta y los autos alta gama, los gauchos en las camionetas 4X4, la tecnología de poder estar revisando los mails mientras viajo. Impensado en otras épocas. En todas estás cuestiones se me viene a la mente siempre una misma reflexión: turistas extranjeros que llegan al país y le sacan fotos a está inmensidad de espacio. Es aquí donde empiezo a dejarme llevar por mi aspecto filosófico y me pregunto:



Valoraremos tanto esto como la mirada ajena? Somos conscientes de la riqueza que tenemos al vivir en un lugar en el que a pocos minutos de salir de la ciudad generamos otra conexión? Nos damos cuenta del stress que nos generamos nosotros mismos al olvidarnos de algo tan básico como el contacto natural? Acaso esto no nos da también la Paz que tanto buscamos pero no lo tenemos presente? 


Se me ocurre que tal vez estemos buscando la sencillez, lo simple que en la ciudad se encuentra enmarañado de luces y ruidos. O tal vez, simplemente no nos hacemos el tiempo en la semana para poder conectar con la Paz que todos llevamos dentro realizando prácticas espirituales.



Las cuestiones son amplias y diversas. Particularmente amo el Campo, y sueño en algún futuro poder tener mi casita con su huerta y animales para poder disfrutarlos. Mientras tanto, como buen bicho de ciudad, lo celebro viajando cada vez que puedo. Contemplando 400 Kms de campo me basta y sobra hasta el próximo viaje y nuevas reflexiones... Ustedes, que piensan?






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